El ingeniero y el tornillo

Una de las historias más famosas que se ha usado a nivel académico en la Ingeniería Industrial es la del Ingeniero y el Tornillo la cual comparto a continuación:

Había una vez un ingeniero que fue llamado a arreglar una computadora de la que dependía gran parte del proceso productivo de una importante fábrica.

Sentado frente a la pantalla, oprimió unas cuantas teclas, asintió con la cabeza, murmuró algo para sí mismo y apagó el aparato.

Procedió a sacar un pequeño destornillador de su bolsillo y dio vuelta y media a un minúsculo tornillo. Entonces encendió de nuevo la computadora y comprobó que estaba trabajando perfectamente.

El presidente de la compañía se mostró encantado y se ofreció a pagar la cuenta en el acto.

-”¿Cuánto le debo? “-preguntó.

– “Son mil dólares, si me hace el favor.”

– “¿Mil dólares? ¿Mil dólares por unos momentos de trabajo? ¿Mil dólares por apretar un simple tornillito?

– ¡Ya sé que mi computadora es una parte fundamental de mi proceso productivo, pero mil dólares es una cantidad disparatada!

– La pagaré sólo si me manda una factura perfectamente detallada que la justifique.”

El ingeniero asintió con la cabeza y se fue.

A la mañana siguiente, el presidente recibió la factura, la leyó con cuidado, sacudió la cabeza y procedió a pagarla en el acto.

La factura decía:

Detalle de servicios prestados

  1. Apretar un tornillo…………………………………..  1 dólar
  2. Saber qué tornillo apretar…………….………………..  999 dólares

Total …………………………………    1000 dólares

Recuerdo mi clase de “Introducción a la Ingeniería Industrial”, el profesor comenzó con esta gran historia en donde se puede ver la importancia del conocimiento y la experiencia frente al tiempo dedicado a una labor y aunque popularmente esta historia se conoce con el nombre de este post, investigando un poco descubrí que es una historia real que no involucra un tornillo pero sí un ingeniero y un pedazo de tiza. Pero antes de contarte esta historia, voy a hablar un poco de su protagonista, Charles Proteus Steinmetz.

Steinmetz fue uno de los padres de la tecnología eléctrica del siglo XX, trabajó en General Electric y contribuyó con grandes aportes en los campos de ingeniería eléctrica y matemáticas. Su historia aparece en una carta de Jack B. Scott, hijo de un antiguo empleado de Henry Ford, enviada a los editores de la revista Life en su edición del 14 de mayo de 1965. En dicha carta, la cual traduzco, se mencionaba lo siguiente:

Señores:

En su artículo sobre Steinmetz (Abril 23) ustedes mencionaron una consulta que hizo Henry Ford. Mi padre, Burt Scott, que fue empleado de Henry Ford por muchos años, me contó la historia detrás de ese encuentro. Se presentaron problemas técnicos con un gran generador nuevo en la planta River Rouge de Ford. Sus ingenieros eléctricos fueron incapaces de solucionar el inconveniente por lo que Henry Ford solicitó la ayuda de Steinmetz. Cuando el “pequeño gigante” llegó a la planta, él rechazó cualquier tipo de ayuda, preguntando únicamente por un cuaderno, lápiz y un camastro (como una especie de cama).

Por dos días seguidos él escuchó el generador y realizó innumerables cálculos. Luego solicitó una escalera, una cinta métrica y una tiza. Él subió por la escalera, hizo mediciones precisas y colocó una marca de tiza a un costado del generador. Él descendió luego y le dijo a su escéptica audiencia que era necesario desmontar una placa del lateral del generador y eliminar 16 vueltas de la bobina a partir del punto en que había realizado la marca de tiza.

Las correcciones fueron hechas y el generador funcionó perfectamente. Al poco tiempo le llegó a Ford una factura por $10.000 dólares firmada por Steinmetz desde General Electric. Ford devolvió la factura, agradeciendo el buen trabajo realizado por Steinmetz, pero solicitando respetuosamente una factura detallada. Steinmetz respondió enviando nuevamente la factura a Ford con el siguiente detalle:

Marca de tiza en el generador……..…. $1

Saber dónde hacer la marca ………… $9.999

Total a pagar…………………….…….. $10.000

Aunque hoy en día muchas empresas “miden” el trabajo de una persona por el tiempo que esta pasa en la oficina, lo cierto es que no necesariamente el pasar más tiempo sentado frente al computador es sinónimo de productividad o “buen trabajo”. Lo mismo sucede para los empleados que acostumbran quedarse más tiempo de lo normal sólo para que sus jefes vean cuán trabajadores son.

De la historia de Steinmetz, podemos aprender que el valor de un profesional no está en cuánto tiempo tarda en hacer una actividad sino en el conocimiento y la experiencia que se tiene aplicados a proveer soluciones útiles a las oportunidades de mejora.