Prioridades

De niños gozábamos de tiempo en abundancia, parecía que teníamos tiempo de sobra para hacer lo que queríamos, sin embargo a medida que vamos creciendo notamos que el día ya no nos alcanza para nada, como si los días fueran más cortos.

Terminamos utilizando la famosa frase “no tengo tiempo” como excusa para no hacer lo que sabemos que debemos hacer. Es más, creemos que decirlo en estos días resulta aceptable porque los demás van a pensar que somos personas ocupadas y por lo tanto importantes.

Pero la realidad es otra.

Te doy un ejemplo: una de las cosas que he notado en esta vida respecto al servicio a otros es que las personas dispuestas a servir a otras no son muchas. Son más las que prefieren ser servidas.

Y la excusa típica es la misma: “no tengo tiempo”. Algunos agregan un “tal vez la próxima semana”. Otros pueden decir que una vez terminen esto o aquello, lo harán, pero todos sabemos cómo termina eso…

La verdad detrás de todo esto

Lo cierto es que cuando decimos “no tengo tiempo” en realidad lo que estamos diciendo es que esa no es nuestra prioridad en estos momentos, porque si lo fuera, haríamos todo lo posible por sacar el tiempo.

Hagamos el siguiente ejercicio: Piensa en la persona más ocupada del mundo, ahora ¿qué pasaría si esa persona se enferma gravemente? Lo más probable es que inmediatamente posponga todos sus compromisos para ir al médico y buscar aliviar su dolor. Esa persona (con voz de intelectual) nunca va a decir: “mmm… el lunes de la semana próxima no tengo reunión en la mañana, tal vez pueda ir al médico para que me quite esta dolencia que me aqueja”.

¿Ves lo que digo?

No se trata de si tienes tiempo o no pues todos contamos con las mismas 24 horas al día, se trata de tener claras cuáles son tus prioridades en esta vida, porque de ello depende la manera como usamos esas 24 horas.

Y tú, ¿tienen claras cuáles son tu prioridades?

Antes que respondas a esta pregunta, déjame decirte que en esta vida hay dos tipos de prioridades: las que te llevan a hacer cosas que glorifican a Dios, y las que te llevan a hacer cosas que glorifican al ser humano.

Si tus prioridades se clasifican en el primer grupo, te animo a que continúes perseverando en ellas sin desmayar, recordando que el trabajo en el Señor no es en vano (1 Corintios 15:58); si están en el segundo grupo, te aconsejo que las replantees de manera que estas apunten a Dios.

Cuando tenemos claras nuestras prioridades en esta vida, el tiempo no es el que determina qué puedo hacer y qué no, más bien este se convierte en un aliado en el desarrollo de nuestra misión como Hijos de Dios salvados por pura gracia en esta tierra, para la gloria de Dios.

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